El poder, un asunto de control.

Alcanzar y mantener el poder, supone desarrollar ciertas habilidades e integrar ciertas leyes a tu vida para no llegar a perderlo y puedas alcanzar el éxito sin ningún problema.

A simple vista estas dos consignas, alcanzar y mantener el poder, son dos acciones muy cuestionadas y mas cuando se supone que debes hacer todo lo que este a tu alcance para lograr tus objetivos incluso pasando por encima de los demás.

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En el libro «Las 48 leyes del poder» escrito por Greene Robert, presenta la posibilidad de identificar diferentes formas de mantener el poder sin olvidarte de ti mismo, dando reconocimiento a tu ser y llevándolo a la acción.

Una de las leyes que podemos encontrar en su libro se relaciona mucho con la frase popular: «Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda».

Ley #4: Diga siempre menos de lo necesario​

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En el libro explica que para mantener la autoridad es importante callar y decir lo menos posible antes de emitir algún juicio o decir algo que en otro momento pueda ir en tu contra. ​

«La lengua humana es una bestia que muy pocos saben dominar» y es quizás esta ley la que nos permite mantener una postura controlada frente a las palabras para no ir a desacreditarnos y restarnos poder.​ (Mientras más digas más vulnerable te vuelves ante el interlocutor, pues conocerá tus debilidades).

Dentro de la narrativa mundial se puede contrastar esta ley con muchas historias como la de Ryleyev, un ruso sentenciado a muerte en la horca y en el momento de la ejecución la soga se rompió (Este signo era considerado una manifestación divina para ser perdonado), a lo que que Ryleyev dijo: ¿Ven? en Rusia no hacen nada bien. Esta respuesta llego rápidamente al Tsar Nicolás I, quien estaba firmando la documentación del perdón, y tras escuchar estas palabras dijo: “¿Ah sí?” “En ese caso, vamos a ponerlo a prueba”. Al día siguiente, Ryleyev fue colgado otra vez, esta vez la soga no se rompió… La mala calidad de una soga y la ruina de una boca.

Kondraty Fyodorovich Ryleyev, imagen hecha por delcampe

«Hay tres cosas en la vida que una vez pasan ya no regresan: el tiempo, las palabras y la oportunidad perdida»

Este ejemplo histórico enseña la necesidad de saber cuándo callar, sobretodo en esas situaciones donde no se tiene el control, evitando que nos expresemos de mala manera sobre algo y podamos ocasionar daños irreparables.

Así mismo, en «El Príncipe» de Maquiavelo, presenta la posibilidad de identificar la importancia del poder en un principado y la necesidad de mantener una buena imagen frente a tu pueblo pues al no soportar las imposiciones del nuevo príncipe puede que se revelen contra ti y llegues a perder el territorio.

Ahora bien si una persona que tiene un poder especial, como el príncipe en el lado monárquico o presidente de una nación se debe tener mayor cuidado con las palabras y la imagen, pues un pequeño error puede generar desconfianza y en fin último perder esa admiración que se había logrado en un principio, como el caso del expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que el año 2013, desconoció la realidad del país dándose una mala imagen frente a toda la nación y aumentando los niveles de impopularidad y desobediencia civil.

Es posible que esta ley sea tomada por su lado negativo y así con cada una de las leyes expuestas en el libro de Greene, pero tienen una fuerza increíble cuando las aplicas para mejorar tus habilidades sociales y personalmente bajo estas dos historias reconozco que hay que ser prudentes a la hora de expresar nuestra opinión y mantener una imagen positiva frente a los demás.

Mantener y administrar el poder es un asunto de control, dónde reconocemos nuestro entorno y logramos identificar esas posibilidades de mejora integrando la sumatoria de buenas prácticas en función de representar una idea y liderar una tribu.

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